03/11/2009

Límite

-No sé qué escribir.- confesó, avergonzada.- No se puede llamar escritora a alguien que se limita a dar vueltas, a describir una y otra vez la misma situación. Me extraña bastante no encontrar cada día la bandeja de entrada con una cantidad considerable de mails que digan que mi trabajo es tedioso. Horrible. Intragable.

-Te haré una pregunta... ¿Por qué escribes?- ante el silencio que se mantenía, siguió hablando.- Piénsalo, no necesito oír la respuesta en este mismo instante.

Cogió el folio que la chica sostenía entre las manos, ligeramente arrugado. Una sola palabra destacaba sobre la nívea extensión, una presa fácil. Se atrevió a leerla en voz alta, pronunciando con claridad cada sílaba.


"Límite"

-¿Has llegado al tuyo, verdad?- ella asintió levemente.- Al punto de no-retorno. No puedes avanzar, tampoco retroceder.

Un estremecimiento sin cambio de expresión, apenas un temblor momentáneo, le indicó que había dado en el clavo.

-Vamos.- le tendió la mano. Ella, vacilante, tardó unos segundos en reaccionar.

-¿Dónde?- sus pequeños dedos, entrelazándose, agarraban con fuerza esa mano a la espera de una respuesta.

Él se volvió y, con una sonrisa que no sabía clasificar, respondió:

-Créeme, eso es lo que menos importa.




[Quizás sea cierto y el lugar se reduzca a una simple variable, cumpliéndose de cualquier forma la reacción prevista. Quizás en algunos casos, éste influya más de lo previsto. Sea como sea, el límite sigue presente.]